Y vos ¿de dónde saliste?
Me lo pregunto porque,
en todo este mundo,
en mis muchos o pocos años de vida,
jamás había conocido
a una mujer tan linda y buena.
¿Serás del cielo una enviada?
No lo creo, pues tú,
mi amada, me haces sentir
un amor increíble, y a la vez,
una pasión y un deseo inimaginables.
Quizás nunca lo sepa,
pero lo que si se,
con total certeza,
es que te amo, que me llenas
de un cariño asombroso e impensable.
Ni en mis sueños más sublimes
había sentido este cariño,
este amor tan especial,
esta necesidad por estar
al lado de la mujer que amo.
Y como anhelo, deseo y vislumbro
aquel maravilloso, excelso
y bendito día en el cual,
tras colocarte una argolla,
pueda finalmente ser tu esposo.
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