martes, 7 de febrero de 2012

Deseo nupcial.

Y vos ¿de dónde saliste? 
Me lo pregunto porque, 
en todo este mundo, 
en mis muchos o pocos años de vida, 
jamás había conocido 
a una mujer tan linda y buena.


¿Serás del cielo una enviada?
 No lo creo, pues tú, 
mi amada, me haces sentir 
un amor increíble, y a la vez, 
una pasión y un deseo inimaginables.


Quizás nunca lo sepa, 
pero lo que si se, 
con total certeza, 
es que te amo, que me llenas 
de un cariño asombroso e impensable.


Ni en mis sueños más sublimes 
había sentido este cariño, 
este amor tan especial, 
esta necesidad por estar 
al lado de la mujer que amo.



Y como anhelo, deseo y vislumbro
 aquel maravilloso, excelso 
y bendito día en el cual, 
tras colocarte una argolla, 
pueda finalmente ser tu esposo.

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