martes, 7 de febrero de 2012

El sueño de mi vida, tú.

Escucho tu nombre como campanas 
tintineante en mi corazón, mi amor,
dulce bendición, eres el más
grande de todos los milagros de la creación.



Quisiera sentir tus labios, 
rosa fresca de primavera, 
beber del néctar de tu celestial amor,
 mi amor, perderme en tu mirada y entonces, 
decirte en un susurro “te amo”.



Tomar tus manos en las mías, 
sentir la cercanía de tu cuerpo,
 la suavidad de tu cabello, 
mi amado ángel, mi tierno pajarillo.



Al mirar al cielo, 
sin importar las nubes tempestuosas, 
logro vislumbrar tu rostro,
mi amada, mi hermosa, 
cuanto deseo estar a tu lado.



Cada noche, antes de conciliar el sueño,
 a Dios le pido que guie tus pasos, 
pues te amo tanto que, 
si algo te pasara, me moriría de dolor.



Escucho y puedo sentir 
el latido de mi corazón, 
mi amor, mi cielo, 
excelsa luz que ilumina mis días, 
te amo con la fuerza del infinito.



Yo creí que nunca volvería
 a sentir esta sensación, 
y de hecho, este amor sobrepasa
 todos los límites del mundo, 
de la imaginación y de la lógica misma.



Mi amor, déjame sentir 
el calor de tu piel, 
el sabor de la dulce miel 
de tus labios, esa sensación 
de amar y ser amado.



Podrán pasar los días, 
los meses e incluso los años, 
pero, yo seguiré amándote intensamente,
 porque eres tú mi único y verdadero amor, 
mi amor real.



Que viva la dicha de amar,
 como yo te amo a ti, 
incondicionalmente, 
pues eres para mi todo,
 mi paz, mi luz, mi divino tesoro, 
mi futura esposa.

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